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Revista "Tiempo de Aventura"
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UN CAMPO AMABLE

La cita fue en los pagos de Güiraldes. La estancia "El Rosario de Areco". Un solar donde uno se reencuentra con la naturaleza y, especialmente, con uno mismo.

Llegar al campo de noche tiene un encanto especial. El cielo vuelve a ser negro, la Vía Láctea-que alivio-sigue estando ahí y las estrellas, como luciérnagas quietas, se multiplican hasta el infinito. Pisar este suelo mullido provoca una sensación que el mejor moquete nunca podrá igualar. El olor del pasto mojado por el rocío aporta, al aire fresco de la noche, su sello distintivo: es el olor a campo.
Florencia y Pancho Guevara nos reciben con genuina hospitalidad. Nos alojan en un cuarto níveo, de blancura serena. Los respaldos de las camas lucen flores pintadas a mano, engamadas con el rattan de la mesa, y las cortinas pesadas, para protegernos. Un gran arreglo de flores secas y eucaliptus suma aromas al ambiente, dándole un toque cálido y silvestre. La habitación esta decorada como un cuarto de huéspedes: con el cuidado con que se recibe a los amigos. Un baño moderno, impecable, como las sabanas y toallas blancas, con la marca de la estancia.
La comida transcurre mansamente con platos simples y sabrosos, presentados con buen gusto. Un centro de mesa de frutas y flores frescas, con velas encendidas, atestigua la creatividad de Florencia. La presencia campestre del dulce de leche casero corona al menú.
Atravesando el parque, rumbo al cuarto, un descanso en los sillones ubicados estratégicamente permite ver la casa iluminada y disfrutar de una noche diáfana.
Al campo hay que saber escucharlo.
Las ranas repiquetean con su canto de música de fondo se escuchan grillos, que suman un contrapunto muy ensayado. A lo lejos ladra algún perro. Es el maravilloso silencio del campo, hecho de sonidos orquestados para serenar nuestros sueños.

Un poco de historia

"El Rosario de Areco" es una estancia de estilo colonial, la casa principal de 1892 y su parque se extiende en 14 hectáreas. Se dedica a la preparación de caballos de polo, cuenta con dos canchas: una reglamentaria, y otra para prácticas y taqueo.
Fue, originalmente un haras, a partir del cual se reciclaron enormes galpones que servían de parideras y pastureras.
Actualmente son edificaciones calefaccionadas, confortables que mantienen en su arquitectura la identidad que les dio origen. Se conservaron los enormes portones corredizos que, junto con los fardos de pasto, ubicados como mojones, remedan un stud: riendas y fotos antiguas suman encanto a la zona de distribución de los cuartos.
Los salones para eventos empresarios, las caballerizas, la casa familiar y el hospedaje para turistas forman un conjunto armónico en su arquitectura. Su distribución en el parque garantiza un funcionamiento autónomo.
Un enorme espacio para huéspedes incluye el comedor y el living, con generosa vista al verde, que irrumpe en sucesión de puertas y ventanas recortadas con el color teja de las paredes. Sobre un costado, rejas mediante-recordando una pulpería-, se observa el monturero, que con sus tacos, monturas y cascos de polo a porta colorido y un entrañable olor a cuero. Una gran chimenea y muebles de campo restaurados completan una ambientación distendida que invita a sentirse cómodo.
Es el estilo de los Guevara, una familia de campo de toda la vida. Sus nueve hijos colaboran con pancho y Florencia para que uno se sienta a gusto: Saben de una hospitalidad cordial, atenta, sin intromisiones.
Manejan con sensibilidad el delicado equilibrio entre un trato espontáneo-como si nos conociéramos de siempre- y el respeto por nuestra privacidad.

Una mañana de sol

Cuando quiero acordarme, el sol me ha llevado al borde de la pileta. Un espejo de agua refleja un cielo idénticamente azul.
Tendida en la reposera, mi cuerpo se proyecta al horizonte. Lo horizontal, pienso, es una dimensión que nos devuelve el campo. Las ciudades, verticales, cortajean el aire, interrumpen, se imponen como frontones donde nuestra vida rebota.
Acá, todo existe en un verde largo, sin fin.
El campo invita a estar sin hacer. A sentirse parte de lo creado, certeza olvidada por el trajín urbano. A recuperar un registro interior, un compás humano, que sintonice con el ritmo del viento en los eucaliptus.
Del otro lado de la pileta, dos amigas suizas conversan a su modo. Sonidos foráneos, incomprensibles, acompañan sin interrumpir mis pensamientos. Es curioso: los porteños podemos ser tan extranjeros como ellos a la hora de descubrir nuestra tierra, tan ajena en nuestra alineación citadina.
Una bandada de teros pasa dejando su estela sonora. El agua liviana, de pozo, apacigua el calor de mi piel. Los suizos vuelven de jugar al golf y se encuentran con ellas. Sus risas extranjeras, combinadas con este paisaje autóctono, producen un efecto agradablemente extraño.

Un mediodía y su atardecer

Llega un grupo de americanos liderado por un guía experto. Ya están las mesas, cuidadosamente tendidas, dispuestas a la sombra de los árboles. Un almuerzo criollo servido con estilo. Gente grande, con tiempo y dinero para viajar, disfrutan sorprendidos, como niños por la novedad que se les ofrece.
Un grupo musical-un trío de gauchos- desgrana un popurrí de polka, gato, chamamé y valsecito. Presentados en ingles, sonríen para las fotos, ofreciéndose amablemente como iconos de argentinidad.
El matrimonio Guevara, atento, supervisa cada detalle. Los hijos, macanudos, bilingües conversan sobre caballos con un señor de Pennsylvania. Algún americano juega con el más chico, un polo de a pie.
El grupo vuelve al bus, llevándose consigo algo de nuestras pampas.
Cuando el sol afloja, y las chicharras dejan de promocionar la hora pico, se impone una cabalgata. Los suizos pasean en la eterna break. Un caballo elegido para ser mi compañero me proporciona una encuentro con el viento, en un galope libre a campo abierto.
Volvemos acompasados, al tranco, y disfruto, desde lo alto de mi mirador equino, de la puesta de sol. Momento privilegiado en que la luz acaricia el pasto, las ramas se vuelven traslucidas, y todo el paisaje vira al dorado.
Esa noche, Pancho abre unos vinos elegidos para que Christian, enólogo por afición, sume a su experiencia una nueva cepa. La charla, sin apuro, se desliza en la noche bajo la mirada atenta de la luna.
A la mañana siguiente, consustanciados con la actividad campestre, queremos ver tusar a los caballos, que con resignación se prestan a la coiffure.
Los chicos confirman que no hay novedades: Ira y Toba, dos mastines Fila con ferocidad genética y ternura de cachorros, aun no han sido papás. "En el campo -dice Pancho- las tormentas desencadenan las pariciones". Habrá que esperar, en estos pagos el tiempo es una aliado.

San Antonio de Areco

Los pagos de Areco, pagos de Güiraldes, la cuna de Don Segundo Sombra, y tantos nombres más, se agolpan tan remanidos como ciertos.
El capitán español Antonio de Areco y san Antonio de Padua- la primera capilla se condensan en su nombre.
Hay gente empeñada en mantener vivo lo mejor de las tradiciones.
Son los artesanos arequeros, artistas en lo suyo. Nos reciben cordialmente y nos muestran sus obras, de un clasicismo siempre vigente y una factura impecable.
Cada cosa es lo que parece. La plata es plata. La lana, es lana. El cuero, es cuero. Las miradas son francas. Las cosas no son símil otra cosa.
Siempre el campo me reencuentra con lo auténtico.
En nuestra visita a lo de Gasparini, familia de artistas del pueblo, miguel Angel nos regala espontáneamente un caballo dibujado, en el momento, a mano alzada. Mientras lo miramos, pancho Guevara, como pensando en voz alta dice: "Verdad, belleza y bondad. Son los valores trascendentales". Son también los míos y pude rescatarlos intactos en medio del campo. En El Rosario de Areco, donde la naturaleza y su gente son lo que parecen.
Como el jinete del dibujo, como Don Segundo Sombra, al tranco, lentamente me fui para las casas.

Ubicación

En San Antonio de Areco, a 115 Km de la Capital Federal, sobre ruta 41, a 6 Km del cruce con ruta 8.

Opcionales

Alquiler de cancha de polo con caballos, montura y petisero. Demostraciones de Polo.
Cancha de golf 8 nueve hoyos con dos salidas a 5 Km.

Nota: Raúl Carman

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Estancia "El Rosario de Areco"
Argentina +54 2326 45-1000
U.S.A. +1 914 220-7883